Uno de los libros que más me han interesado últimamente es “El arte como terapia” de Alain de Botton (filósofo) y de John Armstrong (historiador) editado por Phaidon. Lo podeís encontrar en: http://www.casadellibro.com/libro-arte-como-terapia/9780714869049/2375222

Me ha cautivado el modo en que los autores han elegido las obras y el análisis de las mismas para ilustrar la metodología que aportan. Para ellos, el arte tiene siete funciones: el recordar, la esperanza, la tristeza, el reequilibrio, la autocomprensión, el crecimiento y la aceptación. Su visión del sentido del arte y qué es lo que cuenta como buen en arte en sus diferentes lecturas, es decir tanto técnica, política, histórica, efectista y terapéutica, me parecen muy acertadas. En el libro incluso sugieren cómo debe comprarse, venderse, estudiarse y exhibirse el arte.

¿Cómo debe exhibirse el arte? Los autores sostienen que deberíamos recuperar la idea de definir un programa artístico que se enfocaría a fines estrictamente humanos y no supra-naturales como en el pasado. Los artistas serían invitados a seguir una misión didáctica: ayudar a la humanidad en su búsqueda por el autoconocimiento, la empatía, el consuelo, la esperanza, la autoaceptación y la realización. Las preguntas “de qué se trata el arte?” y “¿para qué es el arte?” ya no serían opacas. Aún habría, por supuesto, artistas mayores y menores, pero sería obvio qué pretenden, y su beneficio para la sociedad sería más fácil de comprender y defender.

El programa que proponen es hacer exposiciones o poner obras especificas en lugares que necesiten corregir creencias, pérdidas de perspectiva; dar alternativas; recordarnos las luchas cotidianas universales; servir de catalizador para la calma y el estoicismo; refutar la errónea obsesión con el glamour que promueven los medios en nuestras sociedades comerciales; alejarse de la rutina, la falta de vida interior, la esterilidad y el cinismo deliberado; ayudarnos a superar las extraordinarias dificultades que tenemos para imaginarnos a nosotros mismos en otros periodos de la vida distintos a aquel en el que nos encontramos; no vivir sin sentido, sino motivarnos a mantener en mente nuestras prioridades, tan fácilmente sumergidas en las preocupaciones cotidianas; corregir la ignorancia de los procesos de trabajo fuera de nuestras esferas profesionales específicas y demostrar los beneficios que se pueden encontrar ahí; recordarnos los costos de que las organizaciones comerciales pueden imponer a la humanidad, corregir la abstracción numérica; re-humanizarnos en los ojos de cada quién; corregir la tendencia hacia la depresión nacional; motivar una clase inteligente de orgullo colectivo.

En el momento actual, pienso que es necesario re-pensar la función del arte y Alain de Botton y John Armstrong nos proponen una visión terapéutica muy acertada. Os invito a leerlos!

La imagen es del Dios Apolo, dios entre otros del arte y de la medicina.