La expresión artística comprende la conciencia desde dentro. Nuestra verdad debe comenzar con nosotros, con nuestra manera de sentir la realidad. Las creaciones son actos de exploración , intentos por abordar misterios que no se logran comprender. La realidad es muy dura y el arte es nuestra vía de escape.

Los escritores inventan ficciones que cuentan la realidad, escribiendo se permiten verse a si mismos en las formas y fracturas de su obra.

Por irónico que pueda parecer, la única realidad que la ciencia no puede reducir es precisamente la única realidad que nosotros conoceremos siempre. Por eso precisamos del arte.

Al expresar nuestra experiencia real, el artista nos recuerda que la ciencia es incompleta, que ningún mapa de la materia explicará nunca la inmaterialidad de nuestra conciencia.

Estamos hechos de arte y de ciencia.

Somos la materia de la que están hechos los sueños pero también somos simple materia. Ahora sabemos suficientes cosas sobre el cerebro para poder afirmar que siempre perdurará su misterio. Al igual que ocurre con una obra de arte, también nosotros superamos nuestros materiales. La ciencia necesita del arte para enmarcar el misterio, pero el arte necesita de la ciencia para que no todo sea misterio. Ninguna de las dos verdades es la solución, pues la nuestra es una realidad plural.

Toda descripción del cerebro exige ambas culturas:el arte y la ciencia.

Los métodos reduccionistas de la ciencia deben correr parejos con una investigación artística de nuestra experiencia. La ciencia vista desde la óptica del arte y el arte interpretado a la luz de la ciencia. La mente se convierte en un todo.

Fragmento del libro de Jonah Lehrer, Proust y la Neurociencia.

+ info en http://www.jonahlehrer.com/books/proust-was-a-neuroscientist/