Estando hace un mes en Londres tuve la suerte de que mi amiga Florence me enseñará los lugares más escondidos al turismo convencional y descubrir así los lugares de arte público cercanos a Brick Lane . Se considera arte público el trabajo de arte en cualquier medio planeado y ejecutado con la intención específica de la localización, generalmente en exterior y accesible a todos (ej. grafitti o arte callejero). Cuando es de calidad, tiene la gran virtud de poner belleza, mandar mensaje en sitios que normalmente suelen estar abandonados y que afean la ciudad.

Estando en Londres he podido dar un paso más allá y conocer algunos trabajos de artistas actuales como Gregos, de origen francés. Me ha llamado la atención pues su obra está entre pintura y escultura: pone caras en las paredes. Cada cara es un como un auto-retrato que le permite expresar su humor, su enfado, su felicidad, lo que le gusta o lo que odia. Unas caras en las que nos podemos ver reflejados.

Me ha interesado precisamente por eso, porque expresa estados emocionales, tristeza, dolor, felicidad, amor. Caras como un juego de máscaras, las máscaras que nos ponemos día a día para sobrevivir en nuestro entorno. Máscaras que nos sirven de protección, de escudo, de imagen en el cotidiano. Esas máscaras que ocultan nuestro miedo a expresarnos, a ser juzgados, a ser rechazados, a no obtener la aprobación de los demás, a que nos conozcan, a la intimidad, a mostrar nuestro lado vulnerable, nuestro lado oscuro, a la responsabilidad. Miedo.

Coberturas de la cara que usamos para comunicar una identidad diferente a la propia. Máscaras que utilizamos para los diferentes roles que desempeñamos en la vida y que no siempre corresponden a quienes somos en realidad sino más bien a como queremos que nos vean o a como que los demás desean ver en nosotros/as. Máscaras como mecanismo de protección para disminuir la ansiedad e inseguridad que podemos estar sintiendo.

Máscaras que han ido construyéndose en un momento de nuestra vida y que una vez adultos pueden volverse rígidas o multiplicarse según los roles que nos toca desempeñar en la vida. Cuando las máscaras son sanas son flexibles, nos las ponemos y quitamos. Pero cuando están rígidas, nos engañamos y pueden llegar a ser patológicas. Suelen ser las que nos ponemos para evitar problemas o para alcanzar fines, para dar una imagen favorable, aunque en nuestro fuero interno sabemos que no somos sinceros con nosotros mismos.

Esa es una de las tareas más difíciles que tenemos: conocernos a uno/a mismo/a. Cuanto más nos conozcamos y nos aceptemos tal y como somos, cada vez tendremos más libertad personal para elegir la máscara y que ella no sea la que nos tenga.

¿Eres consciente de tus máscaras? ¿Quieres que sean más flexibles? Toma contacto conmigo.