La rabia no es tu enemiga. Es tu blandura herida.
¿Y si la rabia no fuera el problema, sino la señal? Muchas aprendemos a tragarla, a volverla contra nosotras mismas, a convertirla en culpa o en distancia. En este artículo exploramos qué esconde realmente la rabia, qué ocurre cuando la bloqueamos y qué aparece cuando por fin nos atrevemos a atravesarla.