¿Cómo afrontar los cambios?

El otro día me encontré con una de vosotras y me preguntó cómo afrontar los cambios que estaba viviendo. Y me sugirió que escribiera sobre ello. En el momento actual, en el que hay cambios de todo tipo, puede que también los haya en tu vida. El mundo va muy rápido y quizás te encuentres con que has ido acumulando muchos cambios ya, sea cual sea la edad que tengas. Cambios en el trabajo, con las amistades, con los hijos/as, con el cuidado de tus padres, o quizás ya estés con los cambios de la menopausia y sientas ansiedad. Cada edad tiene sus propias etapas.

Cada cambio es un duelo simbólico

Las estaciones cambian y cambias tú. Y a veces no sabes cómo afrontar estos cambios. Pues cada uno de ellos supone un duelo simbólico, por los años pasados, sea adolescencia, juventud, por proyectos no realizados, por relaciones que terminaron, por hijos que no se tuvieron o que se fueron, por identidades que ya no encajan. Son algunas de las situaciones del propio ciclo vital del ser humano.

El aquí y ahora de la Gestalt
La cosa está en cómo afrontar estos cambios. Desde la Gestalt se pone el énfasis en el “aquí y ahora” y la responsabilidad personal. Esto resulta especialmente útil para reorientar el sentido de la vida en momentos de transformación.

El “aquí y ahora” no quiere decir fijeza. Significa no vivir instalada en el pasado: “a mí me educaron así”, “esto se hacía así”, o estar en la nostalgia de que los tiempos pasados fueron mejores. Pero tampoco vivir proyectándose por costumbre en el futuro. Un futuro que, aunque muy planificado, no se puede controlar. Que a veces agobia. Y que algunas personas pintan de negro y que se puede reconducir desde el presente, que se construye desde el “aquí y ahora”.

Aceptación no es resignación

Otro de los factores que pueden ayudar a aceptar la mutabilidad de las cosas y de las situaciones es la aceptación. Aceptación que no significa resignación o aguante. Darse cuenta de la diferencia entre estos dos términos, y desde dónde se vive una situación, puede ayudar a ser resilientes y a modificar el estado de ánimo.

La muda de la serpiente

Un ejemplo que me gusta es la muda de una serpiente. Este proceso, conocido como écdisis, lo hacen principalmente para poder crecer, ya que su piel rígida no se expande al mismo ritmo que su cuerpo. Este proceso también les permite sanar heridas y deshacerse de los parásitos externos. Lo hacen a intervalos regulares. Y debajo de la piel que se les ha quedado pequeña se encuentra la piel nueva, ya crecida. Los lagartos lo hacen poco a poco, las serpientes de golpe.

Cambios bruscos y cambios silenciosos

Hay cambios bruscos en la vida y hay otros que vienen poco a poco y de los cuales una no se da cuenta: se siente insatisfacción, fatiga crónica, un malestar difuso que puede darse por ritmos laborales altos o densas redes familiares de exigencia. El trabajo, los hijos/as, el cuidado de los padres, los cambios de la vida, llegar a la edad adulta o la menopausia, por ejemplo, pueden causar una ansiedad difusa.

Los cambios bruscos, como una muerte, o los duelos simbólicos por la juventud perdida, por proyectos no realizados, por relaciones que terminaron, por hijos que se fueron, por identidades que ya no encajan, son como esos cambios de piel que hacen crecer por dentro si una no se aferra a lo anterior.

Responsabilizarse del cambio

Tomar consciencia de que los cambios son lo único que no cambia en la vida es responsabilizarse, es aceptar que los cambios son situaciones propias del ciclo vital, y eso ayuda a tener una vida satisfactoria. Para ello, darse cuenta de los mandatos que se han recibido, de la culpa aprendida, y observar lo que se repite, ayuda a abordar la transformación.

Si este artículo te ha interpelado no dudes en compartirlo y si necesitas acompañamiento para afrontar un cambio, estoy disponible para acompañarte en tu proceso de muda, de crecimiento personal.

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