Recuerdo que, cuando trabajaba en la Comisión Europea en Bruselas, participé en un curso de Análisis Transaccional. Descubrir el triángulo dramático de Karpman me iluminó y me ayudó a salir de una situación con mi pareja en la que me movía constantemente entre los papeles de víctima, perseguidora y salvadora. Hacerme consciente de ello fue un poderoso insight o darse cuenta. Además, pude aplicarlo a otras relaciones y situaciones. Aún hoy procuro tenerlo presente.
¿Qué es el triángulo dramático de Karpman?

El triángulo representa las diferentes maneras de relacionarse de manera insana. Ojo, cabe señalar que se puede pasar por los tres roles en una sola conversación: víctima, salvador o perseguidor.
¿Cuáles son los roles?
El Salvador o ayudador es una persona que intuye las necesidades ajenas y se pone a ayudar, llegando en ciertos momentos a ser invasiva. Está más pendiente del otro que de sí mismo. Suele caer en un cierto buenismo, le cuesta decir «no», es decir, poner límites. Tiende a menospreciar las habilidades de los demás. Es servicial para revalorizarse. Comportarse como salvador puede generar bastante frustración y resentimiento, ya que, en realidad, no se ocupa de sí misma.
También puede actuar como Perseguidora, una persona que se rige por la razón, suele encontrar defectos, perseguir y abusar de su poder. Con una persona así, estás con ella o en su contra. Desprecia para revalorizarse y menosprecia el valor de los demás. Tiene una actitud controladora y a la defensiva.
Actúa como Víctima, una persona que se menosprecia y se siente impotente y desesperada. Evita las responsabilidades por miedo a equivocarse o para desvalorizarse.
Darte cuenta de con cuál de estos tres roles te identificas más te ayuda a relacionarte de manera sana.
¿Cómo se sale de este triángulo dramático?
Sentir malestar después de una interacción, sentir que se aprovechan de uno o sentirse inferior o inseguro son señales clave para tomar conciencia y darse cuenta del rol que más se suele adoptar. Para ello, es necesario conocerse y observarse. A partir de ahí, se puede actuar, responsabilizarse y responder a la situación que se presenta.
Si te ves con una actitud salvadora, empieza a dejar de complacer y ocúpate de ti; observa desde dónde das y para qué.
Si te ves con una actitud de perseguidor, pregúntate para qué necesitas tener siempre la razón, para qué necesitas controlar todo. Te viene bien desarrollar la empatía.
Si te ves con una actitud de víctima, pregúntate si realmente no sabes o no quieres aprender y para qué te sirve estar en ese lugar.
Todas las personas jugamos y adoptamos esos roles. Puedes iniciar el juego o acabarlo.
Puedes acabar con el sufrimiento y transformar ese triángulo dramático en un triángulo virtuoso.
El triángulo virtuoso

El triángulo virtuoso o de empoderamiento nos propone que, cuando cambies:
- El rol de perseguidor por el de asertivo, expresando tus necesidades de forma respetuosa, empatizando, valorando al otro y planteando retos.
- El rol de Salvador(a) por el que ayuda desde la empatía, cuando se lo piden, y respeta la capacidad de autogestión del otro. Pon límites y di «no».
- El rol de víctima por el de tomar la responsabilidad de tus emociones y problemas, tolerar la incomodidad y tomar medidas para solucionar las cosas.
¿Cómo te ves? Comenta si lo deseas y, si te has sentido identificada y necesitas acompañamiento, no dudes en ponerte en contacto conmigo