Sobre la naturaleza de los duelos en la migración

Últimamente me está tocando acompañar a personas que migran. Como ya sabes acompaño en procesos de conocimiento y crecimiento personal a través de la metodología y teoría de la terapia Gestalt.

Y, como las fechas acompañan, me parece oportuno hablar de la existencia de los siete duelos en la migración. No voy a hablarte de lo traumático que puede ser el proceso de entrada en el país de acogida, ya que suele implicar una separación de la familia, una pérdida, el choque cultural, el endeudamiento, etc., temas que darían para otros tantos artículos.

Me gustaría hablarte de los procesos de duelo que se plantean en la migración. 

He vivido en 4 países diferentes en situaciones diversas: nací en Bruselas, viví en Inglaterra con contrato de trabajo precario, en Haití como emigrante de lujo (diplomacia) y llevo 28 años viviendo en Compostela.

Aunque, en el fondo, no es necesario hacer cambios tan drásticos de país, creo que muchos migramos y cambiamos de lugar en algún momento de nuestra vida. Y todas sufrimos pérdidas a lo largo de nuestra vida. Pero bueno, eso es otro tema del cual hablaré en otro momento. Hay grados y grados.

El doctor Joseba Achotegui (Achotegui, 2007) plantea la existencia de sietes duelos en la migración:

  • La familia y los seres queridos. Imagina perder tu red de apoyo emocional más cercana, tus amigos, tu gente.
  • La lengua. Aunque se hable el mismo idioma, las expresiones no son las mismas, ni las maneras de expresar pensamientos y sentimientos, emociones. Si el idioma es diferente, la cosa se complica.
  • La cultura. Todas las personas nacemos en una cultura; migrar significa perder ciertos hábitos, tradiciones, costumbres alimentarias, de ocio, espiritualidad y también valores, que no son los mismos que en el lugar de destino.
  • La tierra. El paisaje con el que nacemos importa; si no, que se lo digan díselo a los emigrantes gallegos, famosos por su morriña. Los olores, los colores no son los mismos y estos generan familiaridad y seguridad. Venir de un clima cálido tropical a uno atlántico cambia mucho las cosas. 
  • El estatus social. La pérdida de cierto estatus en el país de origen, de un rol social, de la casa y de las oportunidades que podrían haber surgirdo también es una pérdida.
  • El contacto con el grupo de pertenencia. Al llegar a un nuevo país, se puede tener la sensación de no encajar, de ser el de fuera. De hecho, a veces aún me ven como la de fuera y, en algunos casos, también se puede sufrir de racismo o xenofobia, que puede ser muy sutil. 
  • Los riesgos para la integridad física. Algunos migrantes se enfrentan a peligros muy reales durante su viaje y, una vez en el país de destino, pueden sufrir situaciones violentas de exclusión. Todas hemos visto alguna noticia relacionada con ello.

Estos duelos se darían, en mayor o menor grado, en todos los procesos migratorios, pero no es lo mismo vivirlos en condiciones favorables que en situaciones extremas.

Entonces habría tres tipos de duelo:

Cuando la persona que migra es adulta y goza de buenas condiciones, puede elaborar el duelo con relativa facilidad. Esta persona no tiene padres enfermos y puede viajar para visitar a sus familiares. Hay una dificultad ,y se suele decir que el tiempo lo cura todo, aunque no siempre es verdad. En cualquier caso, es un proceso normal. A esto se le llama un duelo simple.

El asunto se complica cuando esta persona deja a sus padres enfermos o mayores y/o a sus hijos en su país de origen. En este caso existen serias dificultades para elaborar el duelo.

Se puede hablar de duelo extremo, cuando no hay posibilidad de reagrupación familiar, de regresar o de mantener un contacto frecuente con la familia, ya que es tan duro que casi no es elaborable y supera las capacidades de adaptación de la persona. Es el famoso síndrome de Ulises. En estos casos, la la persona sufre de una falta de conexión y de apoyo, y se encuentra en una situación psicológica extrema. Necesitan el apoyo de la comunidad y de grupos de apoyo, además de otros profesionales de la sanidad.

Ulises pasábase los días sentado en las rocas, a la orilla del mar, consumiéndose a fuerza de llanto, suspiros y penas, fijando sus ojos en el mar estéril, llorando incansablemente…” (Odisea, canto V, 150).

Si conoces a alguien que necesite acompañamiento para afrontar alguno de estos tipos de duelo no dudes en derivarlo a los profesionales competentes. 

Compartir es vivir!